Considerando el paisaje del interior, el municipio ofrece hacia el mar un territorio de amplias llanuras rodeadas al este y al sur por un semicírculo de suaves colinas que coinciden con los límites de sus vecinos municipios de Ribamontán al Monte y Bareyo, alcanzando una elevación de hasta 200 m y encontrándose las cumbres más altas en El Espinal, con 178 m, y al sur en Pico Funegra, con 188 m.
Como una plataforma se presenta este despliegue de los altos macizos montañosos del interior de la región, que desde el sur se han convertido en colinas con nítidos perfiles, formando un gran valle que se extiende hacia el mar, para terminar en una impresionante rasa litoral modelada por la fuerza del oleaje, que permite asomarse al cantábrico desde una alta y accidentada costa.
Todo este paraje favorece el crecimiento de verdes y ricos pastos, que en extensas praderías otorga a este lugar las condiciones idóneas para que el sector ganadero sea de máxima productividad y halla evolucionado situándose a la cabeza de esta importante fuente de ingresos en Cantabria.
La orografía hace que este municipio sea de excepcional riqueza tanto para sus recursos agropecuarios, naturales y turísticos, ya que constituye una franja del litoral central de Cantabria dotada de las características y los privilegios necesarios para ofrecer una gran variedad de alternativas de vida. |